Maria Skłodowska-Curie: el obstinado auto-sacrificio de un genio

Maria Skłodowska-Curie the Obstinate Self-sacrifice of a Genius - Búsqueda de Google

Maria Skłodowska-Curie : piękno niezłomnego poświęcenia = Maria SkłodowskaCurie : the Obstinate Self-sacrifice of a Genius. Luigi Dei (ed). – Firenze University Press, 2018.
(Libere carte ; 10). e-ISBN 978-88-6453-721-4 .

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Una de las mejores y más adecuadas definiciones que pueden aplicarse a la científica polaca Maria Skłodowska -Curie,  es la del científico francés Georges-Louis Leclerc: «una gran aptitud para la paciencia» que nos revela la «belleza de su obstinada abnegación». Estas últimas palabras fueron pronunciadas por el premio Nobel Pierre Gilles de Gennes en la ceremonia de traslado de los restos de María al Panteón. Y es precisamente esta «obstinada abnegación» del genio que emerge como un leitmotiv que recorre la intrigante aventura de su intensa, torturada y extraordinaria vida.

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Maria Salomea Skłodowska-Curie,​ más conocida como Marie Curie​ (Varsovia, 7 de noviembre de 1867-Passy, 4 de julio de 1934)

La fuerza de carácter de Marie Curie, la paciencia y su obstinado auto-sacrificio lo refleja en una carta donde dice: «He pasado por momentos muy duros y lo único que alivia el recuerdo de los mismos es que, a pesar de todo, he salido adelante con honestidad y con la cabeza bien alta.» Más enfáticamente también escribió, «Primer principio: nunca dejarse abatir por las personas o por los acontecimientos».

La radioactividad en la casa de los Curie.

Cuando se investiga a una figura histórica famosa, el acceso a sus obras y materiales suele ser uno de los mayores obstáculos. Pero las cosas son mucho más difíciles para quienes escriben sobre la vida de Marie Curie, la científica que, junto con su marido Pierre, descubrió el polonio y el radio y dio a luz la idea de la física de partículas. Sus cuadernos, su ropa, sus muebles, casi todo lo que sobrevive de su casa suburbana parisina, es radiactivo, y lo será por 1.500 años o más.

Marie Curie's Research Papers Are Still Radioactive 100+ Years Later | Open Culture
Cuaderno de experimentos de Marie Curie. Imagen de The Wellcome Trust

Para ver sus manuscritos, hay que firmar un documento de exención de responsabilidad en la Bibliotheque Nationale de Francia, y luego se puede acceder a las notas que están selladas en una caja forrada de plomo. Los Curie no sabían de los peligros de los materiales radioactivos, aunque sí de la radioactividad. Su investigación intentó descubrir qué sustancias eran radioactivas y por qué, y tantos elementos peligrosos -torio, uranio, plutonio- estaban en el laboratorio de su casa, brillando en la noche, lo que Curie consideraba hermoso, «como luces de hadas débiles», escribió en su autobiografía. Marie Curie llevaba estos objetos brillantes en sus bolsillos. Ella y su esposo usaban ropa de laboratorio estándar, nada más.

Marie Curie murió a los 66 años en 1934, a causa de una anemia aplásica, atribuida a su investigación radioactiva. La casa, sin embargo, siguió siendo utilizada hasta 1978 por el Instituto de Física Nuclear de la Facultad de Ciencias de París y la Fundación Curie. Después de que se mantuviera bajo vigilancia, las autoridades finalmente se dieron cuenta de los peligros que había en su interior. Cuando muchas personas en el vecindario notaron altos índices de cáncer entre ellos, como se reportó en Le Parisien, culparon a la casa de Curie.

El laboratorio y el edificio fueron descontaminados en 1991, un año después de que la finca Curie comenzara a permitir el acceso a las notas y materiales de Curie, que habían sido retirados de la casa. Poco después apareció una avalancha de biografías: Marie Curie: Una vida de Susan Quinn en 1995, Pierre Curie de Anna Hurwic en 1998, Curie: Le rêve scientifique de Loïc Barbo en 1999, Marie Curie et son laboratoire de Soraya Boudia en 2001, y Obsessive Genius: The Inner World of Marie Curie de Barbara Goldsmith en 2005, y Radioactive: Marie y Pierre Curie, una historia de amor y consecuencias de Lauren Redniss en 2011.

Sin embargo, el fallecimiento a los 66 años no es demasiado malo cuando uno ha cambiado el mundo en nombre de la ciencia. Marie Curie fue la primera mujer que ganó el Premio Nobel (1903), la única mujer que lo ganó de nuevo (1911), la primera mujer que se convirtió en profesora en la Universidad de París y la primera mujer que fue sepultada (por sus propios méritos) en el Panteón de París. Y logró muchos de sus avances tras el fallecimiento de su marido Pierre en 1906, que resbaló y cayó bajo la lluvia en una concurrida calle de París y fue atropellado por las ruedas de un carro tirado por caballos.


FUENTE:  Christian Science Monitor/Gizmodo

Marie Curie.

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Marie Curie : escritos biográficos. Selección y prólogo de Xavier Roqué, trad. Palmira Freixas. Barcelona: ediciones UAB, 2011. ISBN 978-84-938717-1-0
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Nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia (Polonia). Limitada por un país que la
forzaba a estudiar a las mujeres en la clandestinidad, a los 24 años (1891) decidió mudarse a París. Allí estudió Física y Matemáticas en la Universidad de
París, egresando brillantemente de ambas licenciaturas como primera de su promoción en Física (1893) y segunda de promoción en Matemáticas (1894).

En 1894 también conocería a quien sería su marido y compañero de investigación: el profesor de física Pierre Curie, con el cual acabaría dilucidando importantes hallazgos en el campo de la radiactividad.
En 1903 defendió su tesis doctoral titulada «Investigaciones sobre las sustancias radioactivas», trabajo que le valió el grado de doctor con mención ‘cum laude’ y el Premio Nobel de Física en 1903 (compartido con su marido Pierre Curie y su director de tesis Henri Becquerel).
Tres años más tarde, en 1906, ocupó la cátedra de física de la Universidad de París que había dejado vacante su marido tras su muerte en 1904, convirtiéndose en la primera mujer en impartir docencia universitaria en los más de 600 años de historia de dicha institución.
Su último gran reconocimiento académico, el Premio Nobel de Química, le fue otorgado en 1910 por el descubrimiento del polonio (bautizado así como guiño a su país nativo) y el radio.

Finalmente, tras un legado de vida que determinó un punto de inflexión en la historia de  la ciencia, Marie Curie murió a los 66 años de edad en su país natal, Polonia; al parecer por una enfermedad derivada de la alta radiación a la que estuvo expuesta gran parte de su vida.