2020 : El año marciano

Desde tripulación comercial hasta una avalancha de misiones a Marte, 2020 promete ser un año emocionante para los vuelos espaciales. Tanto las empresas privadas como las agencias espaciales tienen una serie de misiones muy interesantes programadas para este año que entra. Abróchense los cinturones, que 2020 será muy «espacial».

Con el objetivo de comprender un poco mejor el Sol, la Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la NASA, enviará el próximo 5 de febrero la misión Solar Orbiter. Por primera vez, tomará por primera vez fotos de los polos del Sol y monitorizará su actividad desde cerca -concretamente a 42 millones de kilómetros-, para intentar comprender fenómenos tan complejos y repentinos como las tormentas solares, cómo funciona el rápido e infernal viento solar y entender un poco mejor sus «caprichosos» ciclos.

Las misiones espaciales que veremos despegar y aterrizar en 2020

Este año, durante unas pocas semanas, el planeta Marte y la Tierra estarán alineados. La distancia entre ambos será la mínima —apenas 57 millones de kilómetros—, algo que no volverá a suceder hasta 2035. Mucho más allá en el futuro, la Tierra y Marte tendrían un encuentro para romper récords en 2287. Por eso en 2020 se da un hecho sin precedentes: el lanzamiento de cuatro misiones robóticas a este planeta, tres de ellas encabezadas por las principales potencias espaciales, EE UU, Europa y China, que pretenden posar con éxito sus propios vehículos de exploración con la intención de ser los primeros en hallar indicios de vida.

Marte es un enorme cementerio de naves accidentadas. Una de cada dos misiones espaciales que intentan llegar fracasa. Posarse en Marte requiere una maniobra extremadamente difícil para frenar de los 21.000 kilómetros por hora a los que llega la nave hasta cero en apenas siete minutos, sin apenas ayuda de la atmósfera marciana, mucho más fina que la terrestre, y a merced del tiempo que ese día haga en este inhóspito planeta donde no es raro alcanzar mínimas de 100 grados bajo cero.

“Esto es algo nunca visto”, explica Ken Farley, jefe científico de la misión Marte 2020 de la NASA, quien apunta que a los proyectos mencionados hay que sumar el orbitador lanzado por India recientemente y el “entusiasmo creciente” de empresas privadas como Space X para llegar a este planeta.

2020: invasión en Marte | Ciencia | EL PAÍS

En 2016, la nave ExoMars fue golpeada por una violenta ráfaga de viento en altura. La nave se movió como un enorme péndulo, pues aún tenía amarrado el paracaídas y sus sensores de altitud apuntaron repentinamente al horizonte en vez de a la superficie. El ordenador de a bordo interpretó que la nave había aterrizado, apagó los retrocohetes antes de tiempo y ExoMars se estrelló contra el helado suelo marciano.

Aquella misión era un demostrador de la tecnología de aterrizaje que ahora debe usar ExoMars 2020, la misión de la Agencia Espacial Europea homóloga de la estadounidense. Los responsables de la misión europea no ven el accidente como un fracaso y creen haber aprendido y solucionado el problema.

Las tres misiones mencionadas más la cuarta, el orbitador Hope de Emiratos Árabes, desarrollado gracias a la colaboración de científicos de EE UU, tienen ventanas de lanzamiento muy parecidas que comienzan a mediados de julio y finalizan a mediados de agosto. Tardarán siete meses en llegar al planeta rojo, con lo que los aterrizajes están previstos para febrero de 2021.

“Nuestro principal objetivo es buscar rastros de vida en Marte de hace más de 3.500 millones de años, cuando el agua líquida cubría buena parte del planeta”, explica Ken Farley. La misión de la NASA va a aterrizar en el fondo de un antiguo lago de varios cientos de metros de profundidad denominado cráter Jezero. “En un lugar como este podrían haber vivido microbios como los de la Tierra sin problemas”, destaca este experto en geoquímica del Instituto de Tecnología de California.

Otro de los objetivos de EE UU es allanar el terreno para mandar astronautas al planeta rojo. En este punto España tiene un importante protagonismo, pues lidera el instrumento MEDA, la estación meteorológica a bordo del vehículo de exploración que mide temperatura, viento, partículas de polvo y radiación y que servirá para estimar la habitabilidad del planeta para los futuros astronautas. Otro de los instrumentos es un detector de oxígeno, elemento clave para hacer respirable el aire marciano y para construir combustible para los cohetes que despeguen desde el suelo marciano hacia la Tierra en un futuro.

“Lo más novedoso de la misión estadounidense y la europea es que llevan una nueva generación de espectrómetros Raman que son capaces de detectar biomarcadores a distancia”, explica Jorge Pla-García, astrofísico del Centro de Astrobiología en Madrid, que participa en la misión estadounidense y ha colaborado con la europea. Se trata de compuestos químicos que pueden deberse a la presencia de vida actual o pasada. En este punto Europa puede tener ventaja, reconoce Pla-García, pues su vehículo es el único que lleva un taladro que penetra hasta dos metros en el suelo marciano. “Este es el lugar más factible para que pueda existir algo vivo, pues en la superficie está todo frito no solo por radiación, sino por la abundancia de sales con cloro, que es el material que en la Tierra usamos para matar microbios”, explica el investigador.

China, el tercer pasajero marciano, nunca antes ha conseguido viajar hasta allí. El progreso espacial del país comunista ha sido apabullante y ha demostrado su capacidad de conseguir cosas que nunca antes se habían logrado, como posar un rover en la cara oculta de la Luna. Su misión a Marte Huoxing-1 incluye un módulo orbital, otro de aterrizaje y un pequeño rover cuya principal baza es un potente radar capaz de penetrar en el subsuelo marciano para desvelar su composición y que, en la Luna, permitió descubrir un antiguo océano de lava. “Si se tratase de cualquier otro país pensaría que no serán capaces, pero de China me creo cualquier cosa. Solo hay que pensar que en 2019, por segundo año consecutivo, son el país que más lanzamientos espaciales ha realizado en todo el mundo”, destaca Pla-García.

En la mente de los tres países está la idea de traer a la Tierra un pedacito de Marte. El rover estadounidense lleva un instrumento que podrá encapsular las muestras más interesantes y preservarlas para que una futura misión aún por detallar pueda recogerlas y traerlas de vuelta a la Tierra. Tanto EE UU como China quieren intentarlo antes de que termine la década y Europa y EE UU ya colaboran en una misión de este tipo que se lanzaría en 2026, explica Ken Farley. Todos son conscientes de que en esas muestras pueden viajar los primeros marcianos conocidos.


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FUENTE: El País

Una central de energía solar en el espacio.

Nuevo proyecto para obtener energía solar desde el espacio

A finales de la década de los 60 Peter Glaser [científico e ingeniero aeroespacial estadounidense nacido en Checoslovaquia] imaginó una forma de aprovechar la energía solar ilimitada en el espacio y transmitirla para su uso en la Tierra a través de microondas invisibles, una idea tan intrigante que el gobierno gastó 20 millones de dólares en estudiarla, solo para concluir que era todo demasiado complejo y caro.

Glaser, que como consultor de ingeniería privado desarrolló experimentos para la misión Apolo que puso a un hombre en la luna en 1969, escribió para la revista Science en noviembre de 1968 el estudio Power From the Sun: Its Future.

En su estudio, los satélites almacenarían energía solar mientras orbitaban la Tierra de una manera que casi nunca estuvieran en la oscuridad, siempre iluminados por el sol.

De varios kilómetros cuadrados de tamaño, los satélites tendrían conjuntos de paneles solares que capturarían la luz solar sin filtrar por la atmósfera (se aprovecharía así diez veces más radiación solar de la que llega a la Tierra), la convertirían en energía y luego transmitirían de forma inalámbrica a antenas receptoras en la Tierra. Generarían suficiente potencia para igualar la producción de varias centrales nucleares.

China quiere crear su propia central de energía solar... en el espacio

Ahora, la Academia de Tecnología Espacial de China (CAST), quiere convertir esto en realidad: su anunciada estación espacial de energía solar de nivel megavatio y 200 toneladas de peso estará lista para 2035.

Con una inversión de 28,4 millones de dólares estadounidenses, China está construyendo una base de pruebas en Bishan, al suroeste del país, para la investigación de la transmisión inalámbrica de energía de alta potencia y su impacto en el medio ambiente. En febrero de 2019 se conocieron detalles de estas pruebas.

La instalación de prueba ocupará 13,3 hectáreas. También se lanzarían de cuatro a seis globos atados desde la base de pruebas y conectados entre sí para configurar una red a una altitud de alrededor de 1.000 metros. Estos globos recolectarán la luz solar y convertirán la energía solar en microondas antes de transmitirla a la Tierra. Las estaciones receptoras en el suelo convertirán tales microondas en electricidad y la distribuirán a una red. Si las pruebas tienen éxito, los investigadores lanzarán nuevos globos atados a la estratosfera para realizar más pruebas. Si todo va bien, una central de energía solar china se pondrá en órbita a unos 36.000 kilómetros sobre la Tierra y comenzará a generar energía antes de 2040.

Japón es, junto a China, el único país que invierte actualmente fondos estatales en la investigación y desarrollo de la energía solar espacial.

El desarrollo de la astronomía y la ciencia espacial en África.

El desarrollo de la astronomía y la ciencia espacial en África ha crecido significativamente en los últimos años. Estos avances hacen que los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas sean más alcanzables y abren la posibilidad de nuevas colaboraciones beneficiosas.

Pović M, Backes M, Baki P, Baratoux D, Tessema SB, Benkhaldoun Z, et al. Development in astronomy and space science in Africa. Nature Astronomy. 2018;2(7):507-10.

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Resultado de imagen de Observatorio Astronómico de África Austral
Imagen del SAAO

Hasta hace poco, Sudáfrica con el Observatorio Astronómico de África Austral (SAAO) y el Observatorio de Radioastronomía de Hartebeesthoek (HartRAO), Namibia con el Sistema Estereoscópico de Alta Energía (HESS), y Marruecos, Argelia y Egipto con sus observatorios ópticos, eran casi las únicas referencias astronómicas en África. Además, Sudáfrica, Egipto, Nigeria y Argelia eran los únicos cuatro países africanos con programas de satélite establecidos.

En los últimos años, muchos otros países han iniciado actividades de investigación en astronomía y ciencias espaciales, comenzando por el desarrollo institucional, el desarrollo de la capacidad humana, la investigación científica y el establecimiento de redes. La Unión Africana (UA) dio pasos importantes en la promoción del desarrollo de A&SS a escala continental para mejorar algunos de los principales desafíos socioeconómicos y ambientales a los que se enfrenta África, y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (SDGs). Esta Observación tiene por objeto ofrecer una visión general de la situación actual y las perspectivas futuras de A&SS en África.