La materia oscura: experimentos de detección directa.

El trabajo olvidado de los ‘mineros’ de materia oscura.

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Las observaciones del universo revelan que alrededor de un 85% de su materia está constituida por una desconocida materia oscura, pero los científicos tadavía no han dado las partículas que la conforman. Entre los candidatos que encabezan la lista están las WIMP (Weakly Interacting Massive Particles, partículas masivas que interaccionan débilmente), que los científicos intentan encontrar mediante experimentos como SuperCDMS y LUX, en minas subterráneas de Minnesota y Dacota del Sur (EE UU) respectivamente.
Estos experimentos de detección directa tratan de ‘cazar’ esas partículas que se supone atraviesan la Tierra para confirmar su existencia. Para ello, se colocan cientos de kilos de materiales como el xenón o el germanio en las minas y se espera, en un silencio absoluto, a que una de estas elusivas partículas choque contra un núcleo atómico en el detector. Si eso ocurriera, el movimiento de retroceso del núcleo, debido al impacto de la materia oscura, sería registrado y se podría anunciar su descubrimiento.

Desafortunadamente, y a pesar de los esfuerzos que se están realizando, actualmente no se tiene constancia de que esto haya ocurrido. Aun así, el hecho de no haberla visto en los entornos experimentales creados por los investigadores ya permite extraer información muy valiosa acerca de cómo interacciona la materia oscura con la ordinaria, además de confirmar diversos límites en los datos.

En este contexto, un estudio llevado a cabo por los científicos Cristina Marcos, Miguel Peiró y Sandra Robles de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y el Instituto de Física Teórica (UAM-CSIC) han demostrado que estos experimentos de detección directa son más importantes de lo que se creía, ya que aportan restricciones importantes para los modelos teóricos y en la busqueda de materia oscura. Para realizar su trabajo, el equipo ha utilizado simulaciones computacionales de los dos grandes experimentos SuperCDMS y LUX, ha tenido en cuenta diversas posibilidades de interacción de esta enigmática materia con los protones y neutrones, y han usado los últimos datos sobre las propiedades del halo de materia oscura de nuestra galaxia.

Los resultados, que publica el Journal of Cosmology and Astroparticle Physics, revelan informaciones concretas. Por ejemplo, si la materia oscura es ligera (por debajo de 50 veces la masa del protón), los detalles del halo de la Vía Láctea son determinantes a la hora de extraer conclusiones sobre la naturaleza de esta desconocida materia.

“Habitualmente, a la hora de analizar estos experimentos, los expertos suelen usar la llamada aproximación de la vaca esférica, es decir, utilizan una simplificación en el modelo de halo y, por tanto, no es correcto”, explican los investigadores.

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